El suelo pélvico entra en la conversación casi siempre por la puerta del embarazo o de las pérdidas de orina. Es una entrada legítima y deja fuera una parte importante: ese conjunto de músculos participa directamente en la respuesta sexual.
Qué es y qué hace
Es una estructura de músculos y tejido que cierra la pelvis por abajo, sostiene los órganos y controla los esfínteres. También interviene en el flujo sanguíneo de la zona y participa en las contracciones rítmicas del orgasmo.
De ahí que su estado afecte a dos cosas a la vez: la continencia y la sensibilidad.
Los dos problemas, que son opuestos
Debilidad
Es el que todo el mundo conoce. Aparece tras el parto, con la edad, con el sobrepeso o con esfuerzos repetidos. Se manifiesta con pérdidas de orina al toser o saltar, sensación de pesadez y, con frecuencia, menor sensibilidad.
Exceso de tensión
Este es el que casi nadie menciona, y es más frecuente de lo que parece. Un suelo pélvico hipertónico, permanentemente contraído, produce dolor durante la penetración, dificultad para relajar la zona, y a veces también pérdidas, porque un músculo agotado por tensión constante tampoco responde bien.
Aquí está el error que más daño hace: si el problema es exceso de tensión, hacer ejercicios de contracción lo empeora. Y son justo los ejercicios que todo el mundo recomienda por defecto.
Cómo saber cuál es tu caso
No por internet. La valoración de un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico distingue una cosa de la otra en una sesión, y determina qué corresponde hacer. Es la diferencia entre un plan que funciona y meses de ejercicios que agravan lo que intentaban resolver.
Como orientación inicial: si lo que predomina son las pérdidas y la sensación de falta de tono, suele apuntar a debilidad. Si lo que predomina es el dolor, la dificultad para la penetración o la sensación de rigidez, suele apuntar a tensión.
Sobre los ejercicios de contracción
Cuando están indicados, funcionan bien, y hay dos detalles que determinan el resultado:
El primero es identificar el músculo correcto. Mucha gente contrae glúteos, abdomen o muslos creyendo que trabaja el suelo pélvico. Si algo visible se mueve, no es el músculo que buscas.
El segundo es la relajación entre repeticiones, que importa tanto como la contracción. Un músculo se fortalece contrayéndose y soltando, no manteniéndose apretado.
Lo que también ayuda
La respiración diafragmática, porque el diafragma y el suelo pélvico trabajan coordinados: al inhalar, el suelo pélvico desciende y se relaja. Es la vía más sencilla para aprender a soltar la zona.
El trabajo manual sobre la musculatura, aplicado por profesionales, en los casos de tensión. Y el masaje perineal, con indicación adecuada.
Cuándo consultar
Si hay dolor en la penetración, si hay pérdidas de orina de cualquier magnitud, si notas pesadez en la zona, o si has notado un cambio de sensibilidad que no sabes explicar. Ninguna de esas cosas es algo que haya que aguantar por edad o por haber sido madre.