La información sobre prevención suele darse suponiendo un solo tipo de encuentro sexual. El resultado es que mucha gente termina con una idea desajustada del riesgo: unos lo sobreestiman y otros creen, sin base, que lo suyo no cuenta.
El malentendido más extendido
Existe la creencia de que sin penetración no hay riesgo de infección. No es así. Varias infecciones de transmisión sexual se contagian por contacto de piel con piel o por fluidos, sin que haya penetración de por medio.
El virus del papiloma humano y el herpes se transmiten por contacto directo de zonas afectadas. La tricomoniasis puede transmitirse por fluidos, incluidos los que quedan en juguetes compartidos. Y la vaginosis bacteriana, aunque no es una infección de transmisión sexual en sentido estricto, aparece con más frecuencia cuando hay contacto íntimo frecuente.
Y el malentendido contrario
Tampoco conviene irse al otro extremo. El riesgo existe, es manejable y no requiere renunciar a nada. Requiere unas cuantas costumbres.
Lo que reduce el riesgo de verdad
- Barreras. Preservativos para juguetes y para cualquier práctica con penetración, cambiándolos al cambiar de persona. Para el contacto oral existen barreras de látex, y si no las consigues, un preservativo cortado a lo largo cumple la misma función.
- Limpieza de juguetes. Agua y jabón neutro tras cada uso, y materiales no porosos: silicona de grado médico, vidrio templado o acero. Los materiales porosos retienen bacterias aunque los laves.
- Manos y uñas. Uñas cortas y limadas evitan microlesiones, que son justamente la puerta de entrada de las infecciones. Los guantes de nitrilo son una alternativa cómoda y poco usada.
- Revisiones periódicas. El papanicolau y la prueba de VPH aplican a cualquier persona con cuello uterino, independientemente de con quién tenga sexo. Es de los puntos donde más falla el seguimiento, por una razón absurda: mucha gente asume que no le corresponde.
Lo que no ayuda
Las duchas vaginales. Alteran el equilibrio de la flora y aumentan la probabilidad de infecciones, en lugar de prevenirlas. La zona interna se limpia sola; la externa, con agua y a lo sumo un limpiador suave sin perfume.
Los productos perfumados, los desodorantes íntimos y los jabones agresivos van en la misma línea: prometen higiene y producen irritación.
Señales para consultar
Cambios persistentes en el flujo, olor distinto al habitual, picor o ardor que no cede, dolor durante el sexo, lesiones o bultos en la zona. Nada de esto se diagnostica leyendo: se consulta.
Un apunte que importa: si en una consulta médica sientes que tu situación no se está tomando en cuenta, tienes derecho a decirlo o a buscar otra opinión. La atención adecuada empieza por poder describir tu vida sin editarla.