Una de las disfunciones comunicativas más comunes en parejas de largo plazo es la incapacidad de separar el afecto del sexo. Cuando cada abrazo, beso o caricia se interpreta como una demanda obligatoria de coito, el miembro de la pareja con menor deseo en ese momento comenzará a evadir todo tipo de contacto físico para evitar decepcionar al otro. Esto destruye la intimidad general.
La intimidad es un constructo multidimensional; el sexo es solo una de sus expresiones. Fomentar el contacto físico no sexual (tomarse de la mano, abrazos prolongados sin segundas intenciones) es fundamental para mantener los vínculos de apego. Para solucionar la hipersexualización, las parejas deben acordar explícitamente momentos de afecto físico donde el sexo esté fuera de la mesa. Esto reduce la ansiedad, disminuye las defensas y, paradójicamente, suele restablecer el deseo sexual espontáneo a mediano plazo.