El orgasmo es una respuesta refleja del sistema nervioso, pero la presión por alcanzarlo a menudo genera el efecto contrario: la ansiedad por desempeño. Esta ansiedad activa el sistema nervioso simpático (alerta), inhibiendo el sistema parasimpático, que es el responsable de la excitación y el clímax.
Para alcanzar el orgasmo de forma consistente, es fundamental desvincular el placer de la meta final. El enfoque debe centrarse en el proceso. En las mujeres, los datos clínicos demuestran que más del 70% requiere estimulación clitoridiana directa para llegar al clímax, siendo la penetración por sí sola insuficiente. Se requiere una combinación de estímulos físicos precisos y un estado mental de abandono. Prácticas como el mindfulness sexual, centrarse en la respiración y comunicar activamente lo que se siente bien en el momento, son herramientas eficaces para desactivar el estrés y permitir que el reflejo orgásmico ocurra naturalmente.