La masturbación es una práctica sexual saludable y natural, pero está rodeada de estigmas históricos. Fisiológicamente, no existe una métrica universal para definir qué es "excesivo". Clínicamente, la masturbación solo se considera un problema cuando adquiere un carácter compulsivo; es decir, cuando interfiere con responsabilidades laborales, sociales, o genera angustia psicológica (disfunción sexual inducida o evitación de la pareja).
Los mitos sobre daños físicos, como la pérdida de visión, disminución del conteo de espermatozoides o desgaste de los genitales, carecen de evidencia científica. Por el contrario, la práctica regular ayuda a liberar endorfinas, reducir el estrés y mejorar la calidad del sueño. El enfoque profesional dicta que la frecuencia debe evaluarse según el bienestar individual, no bajo estándares morales. Si la práctica se usa como mecanismo exclusivo de evasión emocional, se recomienda consultar a un especialista.